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miércoles 4 de noviembre, 01:00 AM

La lata de las dietas Por Regina Kuri EL UNIVERSAL Hay muchas opiniones encontradas acerca de las dietas, entre las categóricas que afirman que no funcionan y otras que algunas dietas sí.

En mi opinión, todas las dietas funcionan, como la de baja en carbohidratos, la de comer toronja, proteína, en fin, ponle el nombre que quieras, todas funcionan si uno las sigue como Dios manda.

Claro no todas tienen el mismo impacto en las personas que las hacen, habrá a quien le caigan mejor que a otros.

El problema no es tanto seguir las dietas sino cuando terminamos de hacerlas, cuando al fin hemos dejado de comer huevos cocidos con zanahorias durante quince días, y llega el momento de tomar venganza.

Nos premiamos con atracones por haber sufrido el tiempo que haya durado la dieta.

Nos matamos de hambre o comemos cosas que no nos gustan con tal de bajar esos kilitos de más, para después subirlos en dos patadas.

Así ninguna dieta funciona.

A causa de tantas dietas o por dejar de comer, nuestro metabolismo se hace lento, por lo tanto, cuando empezamos a comer de manera "normal" el cuerpo aprovecha todo para almacenar lo más que pueda, cosa que hace que subamos de peso más rápido.

El cuerpo se rebela y entramos en un círculo vicioso, ganamos peso y hacemos otra dieta cada vez más intensa o rara que la anterior, bajamos de peso y lo volvemos a ganar.

En lo particular, nunca he podido seguir una dieta, pero no por eso he dejado de intentarlo, aunque definitivamente lo que sí me ha funcionado y sin sufrir tanto es hacer ejercicio.

Hacer algo que me guste con la ventaja de mantenerme en forma.

Hay muchas personas que prefiere la dieta al ejercicio y es muy respetable, pero a largo plazo lo que funciona mejor (y sin tantas consecuencias) es mover el cuerpo con alguna actividad.

Las dietas pueden desencadenar en trastornos alimenticios, los números en Estados Unidos arrojan que un 35% de las personas que hacen dietas constantemente derivan en algún trastorno como la anorexia o la bulimia, entre muchos otros.

Por supuesto que las acompañan otros factores como la baja autoestima, sentimientos de vergüenza, abusos sexuales, problemas para relacionarse o incluso algún otro trastorno mental.

Uno de los problemas con la comida o más bien dicho, la manera de comer, es que lo asociamos con los asuntos emocionales.

Comer mucho no sería un problema, lo malo es que comemos cuando nos sentimos nerviosos, felices, deprimidos, eufóricos y en general cuando nos da miedo sentir.

La comida ya sea en exceso o no comer nada, de algún modo viene a acallar e incluso bloquear las emociones, o al menos pensamos que lo hace.

Es distinto comer mal a tener un trastorno.

Volviendo al tema de las dietas, es decir al periodo anterior a desarrollar un trastorno, éstas modifican tanto nuestro cuerpo como la mente.

Hacer dietas nos da la sensación de estar en control, a pesar de que lo último que queremos es controlar nuestra manera de comer.

El problema son los atracones que nos damos después de hacer la dieta, pero más grave aún es el asunto de la autocrítica, el juicio y el insulto hacia nosotros mismos por haberlo hecho.

Continúa la próxima semana…

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