viernes 16 de mayo, 09:10 AM
Antonio Broto
Mianyang (China), 16 may (EFE).- En los alrededores de Mianyang, ciudad a la que llegó hoy el presidente chino, Hu Jintao, para solidarizarse con las vÃctimas, hay cientos de pueblos en los que no ha quedado nada en pie y la ayuda llega de manos de voluntarios que llegan de todo el paÃs, aunque las localidades más remotas siguen sin recibirla.
Jiulongcun, un pequeño pueblo de unos 2.000 habitantes que ahora se asemeja a un campo de refugiados, es una de las localidades que ya han recibido esa ayuda, pero los voluntarios advierten que más lejos, en las zonas montañosas, la situación sigue siendo de extrema necesidad.
"En los pueblos de arriba no ha llegado nada. Hay que salvar a los atrapados, y dar alimentos y tiendas a los supervivientes", señala a Efe Liu Dong, un voluntario que como muchos otros ha llegado de Chengdu para echar una mano.
"Mi hermana está en Maoxian, a 200 kilómetros de aquÃ, en las montañas. Desde el dÃa del terremoto no sabemos nada de ella", cuenta, entre sollozos, Hou Puxiu, una mujer de unos 50 años, malherida en una pierna tras el seÃsmo.
En Jiulongcun se repite el drama de cientos de pequeños pueblos de toda el área montañosa del norte de Sichuan: muchos adultos se salvaron porque se encontraban trabajando en el campo cuando ocurrió el terremoto, pero sus hijos estaban en la escuela, y ésta, al derrumbarse, dejó a 200 de ellos sepultados.
"Todos sus compañeros han muerto", cuenta allà un padre que lleva de la mano a su hijo de siete años, con la cabeza vendada, y que pudo salir milagrosamente de la escuela, corriendo, antes de que ésta se desplomara.
Los vecinos señalan lo que queda del banco local, y aseguran: "Uno de los empleados sigue allà debajo". Al lado, un fuerte olor a alcohol señala los restos de la antigua tienda de licores, y más allá se advierte lo que queda de un tejado tradicional del templo taoÃsta.
En Jiulongcun, al menos, se sienten relativamente afortunados por ser una de las primeras pequeñas localidades a las que llega ayuda humanitaria.
Medicinas, alimentos y mantas comienzan a ser repartidos por voluntarios y soldados mientras la gente se alinea en torno a camiones cisterna con agua potable y los enfermeros comienzan a desinfectar las chabolas en las que viven ahora los vecinos.
También comienzan a llegar tiendas de campaña para que sirvan de casa improvisada durante los largos meses que conllevará la reconstrucción de su hogar.
En Jiulongcun se apelotonan los voluntarios, organizados por su cuenta desde todo el paÃs, en la que ha sido una de las primeras muestras de fuerza de la sociedad civil de China, un paÃs en el que el Gobierno habitualmente controla todas las áreas de esa sociedad, hasta las ONGs.
Pero el Gobierno chino no puede en esta catástrofe atender a los centenares de miles de afectados, lo que le ha llevado a permitir a todos, chinos y extranjeros, a que lleguen a la zona devastada para ayudar, en un aperturismo sin precedentes (en otras ocasiones, incluso se dificultaba a los periodistas la cobertura de desastres).
"Nosotros nos hemos organizado por Internet. Venimos de Hunan (una provincia del centro de China, a unos mil kilómetros). Ha llegado el momento de ayudar al paÃs", comenta el joven Wei Jiulong, uno de los voluntarios.
Miles de ellos llegan en furgonetas con carteles en el parabrisas en los que se lee "luchando contra el terremoto", y consignas del tipo "desde los ocho rincones del paÃs, mano a mano, superaremos la catástrofe".
En el maletero, decenas de cajas de comida y bebida, que ya escasea en muchas tiendas de Chengdu, la capital provincial, porque lo están entregando todo a la zona devastada.
Las muestras de solidaridad se notan en una zona en la que el comercio ha desaparecido: ya nada se compra ni se vende, pese al afán de negocio que la China de la reforma y la apertura habÃa traÃdo.
Ahora todo se regala en la región del terremoto, nada tiene precio y se entrega voluntariosamente al que más lo necesita.
En medio de la catástrofe también hay personas que expresan su ira por lo sucedido, como el escritor Sun Jianjun, que tras visitar lo que queda de Jiulongcun asegura que "estos edificios dice el Gobierno que están hechos de hormigón, pero es mentira, son materiales muy malos".
"Nos están mintiendo, y los periodistas que intentan destapar el escándalo son castigados", asegura Sun, aunque muchos de los vecinos de Jiulongcun le reprenden, diciéndole que es el momento de ayudar, no de criticar.
En algunas localidades, como Juyuan, a unos 60 kilómetros del epicentro, la única estructura del pueblo que se derrumbó fue la escuela, causando la muerte de miles de estudiantes.
El clamor popular ha hecho que el Gobierno chino haya anunciado que investigará las licitaciones para construir escuelas en el paÃs y los materiales que se emplearon, aunque la prioridad sigue siendo llegar a los lugares aún aislados.
Hay otros edificios públicos que también han salido malparados: en Mianzhu, localidad del municipio de Mianyang, la sucursal del Banco de China se derrumbó dejando atrapados a clientes y empleados.
Hoy, grúas y obreros lograron sacar, cuatro dÃas después del terremoto, el cadáver de uno de los cajeros. Se repite el drama de cientos de pueblos: sus familiares lo cargan, llorando, en una manta, y encienden petardos para expresar su dolor y ahuyentar los malos espÃritus. EFE
abc/ll
Promedio (Not Rated)
Copyright © 2008 EFE.