martes 3 de noviembre, 12:21 PM
Por Raymond Colitt
BRASILIA (Reuters) - Alentado por medidas de emergencia que ayudaron a Brasil a salir de una breve recesión, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva está interviniendo más agresivamente en la economÃa y apostando a un Gobierno fuerte.
Mientras muchos gobiernos planean estrategias de salida de las medidas contra la crisis adoptadas en el último año, el centroizquierdista Lula está aprovechando la oportunidad para buscar un mayor rol estatal en la economÃa.
La mayor intervención ha provocado preocupaciones sobre las finanzas públicas y está generando incertidumbre para los inversores, dado que lo que resta del mandato de Lula hasta diciembre del 2010 podrÃa ser menos predecible que sus siete años previos en el cargo.
El mes pasado, el Gobierno de Lula gravó el ingreso de capitales extranjeros para ayudar a estabilizar la moneda local, el real, y circuló una propuesta para que una enmpresa estatal expanda la cobertura de banda ancha en competencia con el sector privado.
También amenazó con cargar un impuesto a la exportación de mineral de hierro a fin de presionar a la minera Vale a construir acerÃas en Brasil.
Lula está tratando de que el Congreso apruebe un proyecto que aumentarÃa el control del Gobierno sobre el sector de hidrocarburos, capitalizarÃa a la petrolera estatal Petrobras y le otorgarÃa una parte mÃnima en cualquier asociación en campos de crudo descubiertos recientemente.
También reforzó al Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) con 100.000 millones de reales (56.600 millones de dólares) del Tesoro Nacional e instruyó a otros bancos estatales a competir más agresivamente con sus contrapartes privados por el liderazgo del mercado.
"Estas señales no son buenas. Estoy muy preocupado y también lo están todos en la industria", dijo Pedro Passos, presidente de IEDI, una consultora de Sao Paulo que recibe recursos de la industria.
"Cuando el Gobierno comienza a hablar sobre poderosas empresas estatales y grandes planes de desarrollo, tenemos mucha cautela, porque ha fracasado antes", agregó.
Nadie espera que Lula, un ex lÃder sindical que ha gobernado casi como un centrista, abandone los pilares de la estabilidad económica de Brasil o adopte polÃticas económicas de izquierda más radicales, a ejemplo de otros paÃses sudamericanos, como Venezuela, Ecuador y Bolivia.
"El Gobierno definitivamente se ha vuelto más afirmativo, pero es una intervención de tipo cautelosa, calculada", afirmó José Luciano Dias, un consultor polÃtico en Brasilia.
MENOR PRESUPUESTO
Pero una ola de exenciones impositivas para industrias clave, grandes préstamos a empresas estatales y un aumento del gasto para financiar un creciente aparato estatal han profundizado el impacto de menguantes ingresos impositivos.
El superávit primario, una medida de la capacidad de un Gobierno de pagar su deuda, tuvo uno de sus peores registros en septiembre, cuando cayó a un 1,7 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) para el año, desde 5,1 por ciento en el mismo perÃodo del 2008.
Brasil enfrentó la crisis económica global mejor que muchos otros paÃses, recortando las tasas de interés y encajes bancarios para liberar dinero para préstamos.
También otorgó exenciones tributarias a las industrias automotriz y de algunos artÃculos para el hogar y preparó a los bancos estatales para aumentar sus préstamos.
Su éxito le dio una voz incluso más autorizada en foros como el Grupo de 20 economÃas desarrolladas y emergentes, y Lula parece estar más audaz.
"Repentinamente se dieron cuenta de que nuestra economÃa era mucho más sólida que la de ellos", declaró Lula a lÃderes empresariales el mes pasado, en referencia a grandes paÃses industrializados.
"Esta crisis está permitiendo que el Estado se convierta en un (verdadero) Estado de nuevo", agregó.
Cuando Lula asumió la presidencia en enero del 2003, abandonó rápidamente su discurso anticapitalista de lÃder sindical y siguió el camino centrista de su predecesor, Fernando Henrique Cardoso, al tiempo que gastó más en programas contra la pobreza.
Las polÃticas amigables con el mercado le valieron a Lula el aprecio de Wall Street, pero también le granjearon algunos enemigos en la izquierda que se sintieron traicionados.
Bajo el Gobierno de Lula, la economÃa de Brasil ha crecido un promedio anual de 4,1 por ciento, comparado con el promedio de 2,3 por ciento en los ocho años previos bajo la administración del más conservador Cardoso.
Aún asÃ, las conversaciones sobre una mayor intervención estatal, mayores déficits presupuestarios y mayores compañÃas estatales podrÃan aumentar el nerviosismo de los inversores.
(1 dlrs = 1,768 reales)
(Editado en español por Inés Guzmán)
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