sábado 7 de noviembre, 05:11 AM
Por Paul Taylor
PARIS (Reuters) - Veinte años después de la caÃda del Muro de BerlÃn, el sueño de Helmut Kohl de que una Alemania unificada llevarÃa a una Europa integrada a nivel polÃtico sigue siendo un proyecto incompleto.
La situación se apresta a quedar igual pese a que se espera la entrada en vigencia del Tratado de Lisboa de la Unión Europea en un futuro cercano.
La Reunificación Alemana posiblemente provocó el último gran paso hacia una integración europea, con el acuerdo clave de Maastricht en 1991 para establecer la unión monetaria y económica con una sola divisa y una polÃtica exterior y de seguridad comunes.
La resistencia de la escéptica Gran Bretaña y la renuencia de Francia a compartir más soberanÃa evitó que la UE avanzara en el sueño de Kohl de una unión polÃtica completa, similar al sistema federal de Gobierno en Alemania.
Luego de Maastricht, la ampliación de la UE para recibir a miembros del ex bloque soviético fue un precedente para una integración más profunda. El bloque ha crecido de 12 a 27 naciones, abarcando casi todo el continente.
Mientras los gobiernos comunistas tambaleaban en el este de Europa en 1989, Kohl, canciller de Alemania Occidental, buscó aliviar las ansiedades de sus vecinos por la escalada de la reunificación al incluir en el proceso un sueño más amplio de unidad europea.
Durante un discurso clave al Parlamento en Bonn el 28 de noviembre de 1989, estableciendo un plan de 10 años para la unidad de Alemania, Kohl declaró: "Se están abriendo oportunidades para superar la división de Europa y por lo tanto también la de nuestra Madre Patria".
Kohl querÃa vincular la nueva Alemania a una Europa unida junto a la OTAN para evitar cualquier resurgimiento del nacionalismo. Argumentó que una unión monetaria y económica serÃa poco equilibrada a menos que Europa alcanzara la integración polÃtica al mismo nivel.
Kohl fue el último lÃder alemán en proclamar el idea de los estados unidos de Europa, una visión ahora confinada a un puñado de federalistas como el ex primer ministro belga Guy Verhofstadt. Su sucesores, Gerhard Schroeder y Angela Merkel han sido menos entusiastas sobre la UE, y más dispuestos que Kohl a defender los intereses nacionales alemanes.
Archivos recientemente desclasificados muestran que la entonces primera ministra británica Margaret Thatcher y el ex presidente francés Francois Mitterrand estaban más preocupados por el lento ritmo de la Unificación Alemana que por la propuesta para una Europa integrada.
Los ex lÃderes se irritaron cuando el presidente de la Unión Europea, Jacques Delors, apoyó la idea de permitir a la democrática Alemania Oriental unirse a la Comunidad Europea.
Thatcher, quien temÃa el regreso de una Alemania más agresiva, estaba inmersa en una disputa doméstica por su hostilidad a la integración europea, que culminó con su renuncia forzada en diciembre de 1990.
RECEPCION CON INTERESES
Luego de los desencuentros diplomáticos iniciales, Mitterrand concluyó que su mejor curso era acoger la Alemania unificada y usar la oportunidad histórica para escapar del dominio del marco alemán avanzando en los planes para adoptar una divisa común.
Pero el lÃder francés nunca apoyó seriamente las ideas de Kohl de tomar las decisiones sobre polÃtica exterior con un voto por mayorÃa, ni de otorgar al Parlamento Europeo autoridad legislativa y de regulación.
Su ministro de Relaciones Exteriores, Roland Dumas, dijo que las instrucciones de Mitterrand indicaban que las negociaciones para el tratado de Maastricht debÃan conceder el mÃnimo poder posible para la formación de una asamblea de la
UE.
El tratado de Maastricht inició una ola de rechazo a los "gobernantes de Bruselas", causando derrotas en referendos en varios paÃses que han impedido hasta ahora los esfuerzos por reformar las instituciones de la UE.
El Tratado de Lisboa incluye pasos para una unión polÃtica más cercana, como la creación de un jefe de PolÃtica Exterior con mayor autoridad dentro del servicio diplomático de la UE y un presupuesto para el bloque de varios miles de millones de euros.
Pero los Estados miembro mantendrán su poder de veto sobre las decisiones en defensa y polÃtica exterior, asà como en asuntos de impuestos y presupuestos.
El tratado también establece un presidente a largo plazo para el Consejo Europeo de LÃderes de la UE y un sistema de toma de decisiones que da mayor peso al tamaño de la población, una concesión a Alemania que Francia buscó evitar por última vez en el 2000.
El Parlamento Europeo tendrá autoridad para tomar decisiones sobre un amplio rango de la legislación europea.
Pero la UE sigue estando a largo camino del sueño de integración federal de Kohl.
De hecho la propia corte constitucional de Alemania pareció poner lÃmites sobre cualquier integración sustancial europea en un fallo sobre el Tratado de Lisboa este año.
(Reporte Adicional de Tom Heneghan; Editado en español por Marion Giraldo)
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